En nuestra cultura ha tenido tradición la relación
enfermedad-pecado en el intento de explicar una serie de males que no
tenían una explicación natural en esos momentos. Desde el
pensamiento cristiano se veía como la ira de Dios caía en forma de
plaga sobre una sociedad corrupta, la peste por tanto parecía un
instrumento del poder divino para interactuar con los seres humanos.
La sociedad contaba con remedios espirituales para hacer frente al
mal. Por ejemplo vamos a observar la fundación de numerosas capillas
dedicadas al culto mariano en muchos lugares de nuestra geografía
por las diversas apariciones atribuidas a la Virgen ante los
campesinos. Con este tipo de apariciones lo que se buscaba era
reforzar la moral comunitaria y la piedad colectiva.
Entre los santos podemos destacar a San Roque, puede ser considerado
una autentica creación del humanismo cristiano de principios de la
Edad Moderna.
Se consideraba mártires a aquellas personas que murieran practicando
la caridad en tiempos de peste. Este ejercicio de caridad era
entendido por los hombres de la iglesia como el más alto grado de
perfección cristiana que se podía alcanzar.
Para que toda esta ideología religiosa penetrara en los laicos eran
necesarios una serie de instrumentos, la oratoria desde el púlpito y
las teatralizaciones de las procesiones rogativas van a jugar un
papel destacado en este sentido.
La enfermedad era presentada como un terreno de lucha donde se
fortificaba el alma.
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