Nuestro objetivo con la realización del blog ha sido obtener una visión más profunda de la materia en cuestión y poder compartir el conocimiento adquirido con otras personas que puedan estar interesadas en el tema de las epidemias durante la Edad Moderna. En cuanto al formato, hemos escogido el blog puesto que nos parece la herramienta más apropiada para poder interactuar con un mayor número de personas. Para conseguir esto citado anteriormente hemos utilizado todos los recursos a nuestro alcance como por ejemplo vídeos, libros, imágenes, etc.
Este blog ha sido creado por un grupo de estudiantes del grado de Historia de la Universidad de Alicante con el propósito de analizar el tema de la epidemiología en la Edad Moderna
El triunfo de la muerte
martes, 16 de diciembre de 2014
lunes, 15 de diciembre de 2014
La Peste
La peste del
siglo XIV fue la plaga más grave que asoló Europa desde la antigüedad tardía y
la famosa peste de Justiniano. En Europa exterminó a un tercio de la población
según estimaciones, ya que las fuentes confiables son escasas. No solo afectó a
Europa, sus efectos se dejaron sentir también en el mundo musulmán, ya que los
barcos genoveses cargados con ratas infectadas que huían del asedio de Caffa no
solo recalaron en puertos europeos, muchos se refugiaron en Alejandría y otros
puertos mediterráneos. En Oriente Medio murió a causa de esta epidemia entre un
tercio y un cuarto de la población.
El triundo de la muerte, por Peter Brueghel el Viejo (1562. Museo del Prado.
La
diferencia principal entre estas dos áreas – Europa y Oriente Medio – es la
capacidad para responder ante este problema y poner en marcha medidas funcionales
para combatir el mal. En Europa, a partir de 1450, la peste dejó de tener un
impacto tan grave sobre la población si exceptuamos algunos brotes puntuales
durante toda la edad moderna, en Oriente Medio, al contrario, la peste siguió
impidiendo el crecimiento de la población hasta bien entrado el siglo XIX.
Extensión de la epidemia
Las pestes
durante la edad moderna fueron más virulentas en las ciudades debido a que es
en ellas donde es más fácil contagiarse, es por ello que no eran infrecuentes
los episodios violentos en las zonas rurales contra aquellos que huían de las
ciudades intentando salvarse.
Uno de los muchos problemas que surgieron a la hora de combatir la peste es la actitud que tenían
los gobernantes entonces, ya que, influidos por una cosmovisión cristiana,
pensaban que el origen de la peste era moral, es decir, era un castigo divino.
Esto se suma a la concepción que se tenía acercad de la relación entre Dios y
el hombre, que estaba definida por una especie de contrato en el que éste
último era el centro de un gran plan, por lo que resulta impensable que una
enfermedad que afectaba a un animal inferior como las ratas pudiera afectar a
un hombre. Vemos aquí un desprecio absoluto hacia la observación empírica
(considerada también como algo propio de campesinos, artesanos o de gentes de
clases bajas) que impedía por una parte establecer una relación de la rata con
la peste y a su vez con el contagio en humanos y por la otra el establecimiento
de una respuesta eficiente que impidiera la monstruosa mortalidad causada. No
olvidemos que nos encontramos en tiempos precientíficos: la medicina aún se
encontraba dentro del paradigma antiguo, siguiendo las enseñanzas de Hipócrates
o Galeno, según los cuales, esta enfermedad en concreto estaba causada por el
aire contaminado (miasma), por lo que
las medidas tomadas consistían en recoger las inmundicias que había en la
ciudad (entrañas de los animales de las carnicerías, excrementos, etc.) y
arrojarlas fuera de ella, así como expulsar a personas consideradas moralmente
contaminantes, como las prostitutas. Siguiendo esta línea, en los primeros
momentos de expansión de la peste de 1348, se organizaban grandes procesiones
multitudinarias de penitentes, en las que probablemente hubo muchos contagios,
para mostrar el afligimiento por los pecados cometidos ante Dios, es solo un
ejemplo de cómo una concepción errónea no solo no ayuda a combatir el problema
sino que puede incluso actuar como agravante. Hay que tener en cuenta que esa
es la poco acertada información que tenían las élites, la población general,
especialmente los que vivían en el medio rural, que eran mayoría achacaban a
demonios y almas errantes el contagio de la enfermedad.
La peste negra en Finlandia en 1350, por Hugo Simberg (1906)
Los primeros
controles que tuvieron algo de efectividad
fueron aplicados en la Italia renacentista, en cuyas ciudades el
movimiento humanista iba ganando terreno a la ortodoxia católica. En Florencia
por ejemplo fueron aplicadas las siguientes medidas:
- Control de los movimientos humanos
- Sepultura de los muertos en fosas comunes designadas y destrucción de objetos personales
- Aislamiento de los potenciales infectados y garantía de atención médica y comida a cargo de la ciudad
- Mantenimiento de aquellos afectados por el cierre de mercados y prohibición de otros actos multitudinarios como las procesiones y otras concentraciones de personas
Estas
medidas como es de suponer, tenían un coste muy alto, que por supuesto no
pagaba la aristocracia, que estaba exenta del pago de impuestos, sino que la
carga impositiva recaía mayoritariamente en el pueblo llano, lo que provocaba
frecuentes desórdenes, ante los que las autoridades respondían con dureza. Un
ejemplo de esto es el lema que la ciudad de Palermo adoptó en 1576 en un brote
pestífero: Oro, Fuego y Horca. Oro para pagar los costes, fuego para los
objetos de los infectados y horca para quien lo cuestionase.
Una medida
bastante común la Italia septentrional del renacimiento, pero no solo,
consistía en la creación de casas especialmente construidas para albergar y
concentrar a los apestados en ellas, con las previsibles consecuencias de
mortandad catastrófica, un ejemplo de esto lo tenemos en la peste que asoló
Génova en 1656, llegando la tasa de mortalidad al 70% de la población debido a este tipo de actuaciones.
Hospital de Apestados, por Francisco de Goya (ca. 1808 - 1810). Colección Marqués de la Romana, Madrid.
Por supuesto
estas medidas encontraban resistencia, amparadas por las creencias populares, pues no se podía esperar que la sociedad de aquella época, inmersa en un paradigma de conocimiento muy
distinto que ya hemos descrito someramente pudiese llegar a comprender el porqué
de su aplicación. Mucha gente hacía caso omiso de las órdenes relativas a los
enterramientos y daban sepultura a sus muertos por su cuenta. Mencionar también
las consecuencias que podía llegar a tener el cerrar los centros de
sociabilidad como las tabernas o el dejar sin sustento a mucha gente cuyas
actividades económicas se veían totalmente interrumpidas en una cuarentena.
La peste y
la aplicación de las citadas medidas fueron un elemento catalizador de las
formas de poder en la edad moderna, ya que estas medidas autoritarias
reafirmaron el poder de quienes las ponían en marcha, pues su aplicación
requería de un gran control político y jurídico, y no olvidemos tampoco que la
peste afectaba a todos, por lo que las aristocracias también se verían
afectadas por ellas. Esta respuesta se aplicó primero como decíamos en Italia y
no llegaron a Europa hasta muchos años después, coincidiendo con el proceso de
creación y afianzamiento del estado moderno. Esto es debido a la diferencia que
hay entre poner estas medidas en práctica en una ciudad, que en un país entero.
Los brotes
de peste podían tener también consecuencias en un ámbito más macro, hasta el
punto de provocar su decadencia, un ejemplo de ello son las alteraciones de
Venecia del siglo XVII, en 1629, los oligarcas venecianos ignoraron el aviso de
que la peste se acercaba y juzgaron innecesaria la aplicación de un cordón
sanitario (que podía tener nefastas consecuencias para una ciudad comercial),
propagándose finalmente hacia la ciudad y acabando con una gran parte de su
población. Esto provocó el abandono de las posiciones comerciales venecianas en
el Mediterráneo Oriental, lo que fue aprovechado por comerciantes ingleses y
holandeses. Venecia nunca pudo recuperarse, entrando en una larga decadencia.
A partir del
siglo XVII, las élites gobernantes se percataron de que las medidas contra la
peste daban resultado si se aplicaban en una zona lo suficientemente grande.
Esto coincidió con el cambio de mentalidad que supuso el fin de la guerra de
los 30 años y un nuevo orden internacional. Ahora los ejércitos iban a ser
profesionales y se establecían ciertas reglas de la guerra para evitar los
terribles actos que habían sucedido en el citado conflicto.
Las medidas
ya han sido comentadas con anterioridad, y son paralelas a la centralización
del estado. Incluyen el control de los caminos entre regiones sanas e
infectadas en combinación con cuarentenas marítimas. Esto hará que la peste se
repliegue entre finales del siglo XVII y principios del XVIII.
Una de las
medidas que hay que destacar por sus consecuencias ideológicas es el control de
fronteras entre Europa Central y el Imperio Otomano y el Levante, donde la
peste aún prevalecía, lo que originó una brecha ideológica entre el Occidente
cristiano, civilizado y libre de peste y un Oriente Medio musulmán, primitivo y
enfermo.
Grabado en madera inglés sobre la Peste Negra. 1656.
sábado, 13 de diciembre de 2014
La Peste en Egipto
La primera gran oleada de peste del siglo XIV se estima que causó una mortalidad de hasta un tercio de la población en Egipto, provocando una hambruna ya que la población campesina que sobrevivía huía de las zonas rurales hacia Alejandría o el Cairo.
Una de las explicaciones que se puede ofrecer a esta situación es el inmovilismo social y político que existía en Egipto, cuyo estado estaba controlado por los mamelucos, una élite social a la que no se accedía por herencia, sino que eran un grupo militar cerrado cuyos miembros eran de origen esclavo cuyo lugar de origen estaba muy lejos de Egipto. Este estado estaba administrado mayoritariamente por cristianos coptos, que difícilmente podían tener una percepción adecuada del problema ya que les estaba prohibido el acceso a la propiedad de las tierras rurales. A todo esto hay que sumarle que gran parte de los ingresos de Egipto procedía del comercio, por lo que la caída de la producción agraria no era un problema de primer orden como lo podía haber sido en la mayor parte de las zonas de Europa, además de que las medidas que podían ser adoptadas eran consideradas como un obstáculo para la actividad comercial. Curiosamente, los nómadas egipcios consiguieron evitar los embates de la peste, ya que eludían el contacto con los sedentarios y se desplazaban más rápido que la enfermedad, es por ello que su población se mantuvo constante.
Otro problema a la hora de atajar la epidemia era la mentalidad dominante. La peste era percibida como algo que Allah dispone, y la población general simplemente no iba a zonas con peste, pero tampoco escapaba de ellas si llegaba (hablamos de la peste como mal endémico de Egipto, no de grandes episodios como el del siglo XIV). Era algo que simplemente sucedía y por ello no había chivos expiatorios como sí ocurría en tierras cristianas.
Las pestes no remitirían en Egipto hasta la llegada del gobierno de Mohammed Alí en el siglo XIX. Esto tuvo importantes consecuencias en el crecimiento de su población: en 1346 la población de Egipto era de 8 millones mientras que en 1805 era solo de 3.
viernes, 12 de diciembre de 2014
El contagio de la peste: miedo y desestructuración social
El
caso concreto de la peste supuso un punto y aparte en el miedo que
causaba a la población. Era muy extendida la creencia de que esta
enfermedad se transmitía con la mera mirada, pero lo cierto es que
se propagaba por el aire y de muy sencilla manera. Cualquiera podría
contagiarse teniendo un mínimo contacto con un paciente de este mal.
Esto
supuso una grave desestructuración social, así como un horror para
todo aquel que padeciese los síntomas, pues era rápidamente
apartado de la sociedad y aislado del contacto humano; no podía
relacionar ni tan siquiera con sus parientes y seres queridos, lo
cual suponía una dramática situación para todos los afectados.
Este
comportamiento no variaría con el paso del tiempo, y a la hora de
tratar un caso de peste era inevitable que esta situación se
repitiese. Nadie quería tener proximidad con el enfermo dados los
riesgos que ello suponía, de modo que eran abandonados en sus
residencias dónde sufrían y fallecían, o trasladados a espacios
externos a las zonas urbanas donde igualmente eran apartados todos
los pacientes hasta fallecer; de esta labor se encargaban
profesionales sanitarios que se arriesgaban a contagiarse.
Una
conducta muy común ante signos de contagio en la localidad dónde se
residía era la huída a otras zonas y fueran urbanas o rurales. En
este éxodo improvisado no se tenía en cuenta la posición social de
las personas, así como su riqueza o su cargo y autoridad;
simplemente se buscaba el alejarse del foco de la enfermedad. Sin
embargo, la mayoría de personas que lograban escabullirse de su
ciudad antes de que esta se aislase por la enfermedad solían estar
ya contagiadas, de manera que suponían un factor más que expandiese
la peste por el mundo.
Por
otro lado se encontraban aquellos que por el ya nombrado aislamiento,
o por la falta de capacidad de reacción o de valor, no abandonaron
sus localidades. En este aislamiento al que se veían sometidas las
ciudades la población vivía bajo el miedo y la desconfianza, un
descontrol que únicamente aceleraría su declive y caída, junto a
la de sus habitantes. Había sin embargo quienes preferían
mantenerse al margen del caos de la calle y se refugiaban en sus
casas, adoptando una postura religiosa y de oración; fue
especialmente duro para ellos el no poder velar a sus familiares por
miedo al contagio.
En
contraparte a ellos se muestran aquellos que preferían dedicarse al
exceso y desenfreno, buscando el apurar sus últimos momentos de
vida.
jueves, 11 de diciembre de 2014
Documental sobre la peste negra
Aquí os dejamos un documental que os puede aportar más información sobre esta enfermedad.
miércoles, 10 de diciembre de 2014
Sífilis
Uno de los problemas a la hora de estudiar esta enfermedad es que el ser afectado por ella suponía un estigma (llegó a sustituir a la lepra como estigma) que la población trataba de evitar, es por ello que en los registros de defunciones y otras fuentes para el estudio de la epidemiología cuesta rastrear el verdadero alcance de esta patología.
Las manifestaciones exteriores del mal hacían también que pudiera confundirse con otra enfermedad. Al principio, los síntomas consistían en ulceraciones en los órganos sexuales, que luego desaparecían ya que la sífilis permanecía latente en un periodo que podía ir de los 3 a los 30 años causando debilidad general. Debido a este intervalo tan potencialmente extenso, otras enfermedades podían afectar fatalmente al sifilítico, por lo que la cusa de defunción sería otra. Presenta también ulceraciones en distintas fases de la enfermedad en la cara y el cuerpo, además de otros síntomas, por lo que también era visible.
Efectos de la sífilis
Su origen como enfermedad de transmisión sexual no está claro. Hay escritos también que relacionan la extensión de la sífilis con la desbandada del ejército francés de Carlos de VII en las guerras italianas a finales del siglo XV. En cualquier caso, la enfermedad era vista en general en la Europa moderna como un mal que traía el “otro” (en España por ejemplo era conocida como el “mal francés”).
Una de las posibilidades es que otra enfermedad similar, el pian, causada por el Treponema pertenue fuera contagiada a los españoles en las islas del caribe por los indios tainos y de ahí Treponema pertenue mutara en Treponema pallidum que es la sífilis venérea que sería exportada primero a Europa y luego al resto del mundo, aunque los informes de Colón no mencionan nada en este sentido. Parece que esta versión fue difundida por Gonzalo Fernández de Oviedo, que desempeño importantes cargos en la América española durante el siglo XVI. Él y sus socios consiguieron de Carlos I un monopolio por el cuál podía importar madera de guayaco, que pensaba que era un remedio milagroso para la sífilis, que empezaba a hacer mella en las élites de Europa, evidentemente el remedio era falso. No fueron solo Oviedo y sus socios los únicos que se lucraron, escritores, impresores y libreros también se hicieron de oro gracias a la demanda de nueva información sobre una enfermedad que no aparecía en los textos antiguos, por lo que empezaron a proliferar las obras al respecto. Otros beneficiados fueron los barberos cirujanos, que administraban un letal tratamiento a base de mercurio contra la enfermedad.
Efectos de la sífilis
Otra de las consecuencias de este mal fue un cambio en la sociabilidad y en las mentalidades. Desde esferas religiosas, tanto católicas como reformadas, se promulgaba el cierre de baños de vapor o burdeles, así como se creaba toda una nueva doctrina sobre el sexo en general, y especialmente en lo referente a las relaciones extramatrimoniales por lo que las consecuencias de la llegada de la Sífilis fueron de más alcance de lo que uno podría pensar en un primer momento.
Efectos de la sífilis
martes, 9 de diciembre de 2014
Infraestructuras y orden sanitario
Como
ya se ha comentado anteriormente, la creencia que aseguraba la
infección de enfermedades por el aire o el agua era compartida por
toda la comunidad, fuera cual fuera el nivel social o el cargo que se
desempeñara. Esto supuso una preocupación por la insalubridad de
las zonas y viviendas, especialmente en aquellas zonas dónde el
ascenso demográfico era mayor.
Las
infraestructuras higiénicas eran insuficientes: la pureza del
abastecimiento de agua no siempre era asegurada, el alcantarillado
era muy imperfecto y los servicios dedicados específicamente a la
limpieza nulos, la pavimentación era escasa y deteriorada de
manera que en tiempos de lluvia se ocasionaban barrizales; además de
ello, se dieron lugar a pozos negros, montones de estiércol por las
calles y desperdicios en la vía pública; una serie de problemas de
muy difícil solución en su momento. Es preciso destacar la
presencia de residuos de actividades artesanales y de manufacturas,
como por ejemplo de las curtidurías, las carnicerías o las
pescaderías. A ello se le unían cementerios mal localizados y
descuidados, que se convertían en focos permanentes de enfermedad y
putrefacción. En este aspecto se nombra también a los hospitales,
cuyos residuos localizados en las cercanías suponían
paradójicamente motivos de infección y contagio.
Los
regidores municipales serían los encargados de solventar este
problema, pero no ponían demasiado empeño en la labor; sin embargo,
la mayor razón que impedía mejorar la situación sería la poca
disponibilidad del vecindario a cambiar sus costumbres malsanas,
junto a la escasez de recursos y fondos económicos necesarios para
llevar a cabo los cambios y reformas contra la insalubridad.
Este
panorama, pese a parecer exagerado, es el descrito en las fuentes
consultadas de la época y monografías sobre las localidades
españolas de la edad Moderna.
lunes, 8 de diciembre de 2014
Consideraciones y naturaleza de las causas de las enfermedades
En
un principio, las enfermedades se consideraban pecados que afectaban
al alma de las personas, lo cual se traducía en daños del propio
cuerpo. Por ello una de las primeras acciones tras la pérdida de
salud por parte de un enfermo consistía en la puesta en conocimiento
de la situación del individuo afectado a un sacerdote que atendiese
a la situación y ayudase en lo posible; tras ello, el siguiente paso
sería advertir a un médico o encargado sanitario. Es por ello que
la confesión y la comunión eran las medicinas más empleadas en la
época, considerando que el recibir a Dios era la cura para las
enfermedades.
Así
pues y siguiendo esta línea marcada, se consideraría que los males
del alma eran ocasionados inicialmente por el Diablo, que corrompía
a los individuos y les causaba estos males. Aquí llegaría a entrar
en juego el exorcismo y el deseo de escapar del dominio demoníaco.
Según avanzaba la sociedad se extendió la premisa de que, una
enfermedad podía llegar a transmitirse por el aire o por aguas
corrompidas que a su vez contaminaban todo aquello con lo que
estuviera en contacto.
Estos
aspectos seguían vigentes en la sociedad española de comienzos de
la era moderna y especialmente en núcleos eclesiásticos y de gran
tradición religiosa. Sin embargo se dan lugar a su vez a círculos
menos sacralizados en los que las enfermedades se basaban en un
trasfondo confuso que unía magia, remedios naturales y costumbres
transmitidas de generación en generación. Dentro de estas
costumbres destaca el empleo de medicinas como hierbas o productos
animales, y remedios en forma de ungüentos, cocciones o baños entre
otros tipos.
Se
pensaba que el origen de las enfermedades venía dado por
perturbaciones del equilibrio corporal, ocasionadas se suponía por
la alta exposición a los cambios de temperatura, la humedad, las
corrientes de aire; e incluso por el estado de los sentimientos del
individuo o los excesos de comida y bebida. Cabría destacar a su vez
la fuerte creencia de la acción de espíritus malignos y hechizos o
males de ojo.
domingo, 7 de diciembre de 2014
Las grandes asesinas americanas
Con
la consolidación del proceso de conquista del Nuevo Mundo un grupo
cada vez mayor de población va a aventurarse a cruzar el oceano
huyendo de las epidemias, el hambre o el miedo a las levas forzas y
persecuciones inquisitoriales. Entre los grupos de población podemos
destacar a los artesanos urbanos, los pequeños propietarios rurales,
pequeños hidalgos y religiosos.
Para los aborígenes las enfermedades más letales eran tres:
sarampión, viruela y tifus.
En
cuanto al sarampión es
en extremo una enfermedad
muy contagiosa, tras un periodo de 10 a 12 días se origina un cuadro
febril, malestar general o dolor de cabeza. El origen pudo estar en
la ciudad de Sevilla. Fray
Toribio de Molotinía fija su introducción en el continente en 1531,
posteriormente se fue propagando por los diversos
territorios.
La
viruela que se introdujo entre diciembre de 1518 o enero de 1519 es
la que va a suponer un elemento fundamental en el proceso de
conquista por parte de los españoles, algunos autores afirman que en
dicho proceso la viruela fue incluso más importante que la pólvora.
Esta
era una enfermedad infecciosa muy contagiosa. Tenía un periodo de
incubación de unos 12 días en los cuales no se manifestaba signo
externo de la enfermedad pero
esta podía ser contagiada, a
partir de entonces
aparecía un malestar general con fiebre que duraba de 4 a 6 días,
entonces descendía con la aparición de los exantemas. Mortalidad
muy elevada dependiendo de la variedad de la enfermedad. No solo
suponía un importante problema por los
elevados índices de mortalidad
que registraba sino también porque afectaba a órganos importantes
del cuerpo humano provocando entre los varones impotencia por
ejemplo.
Estas
enfermedades afectaron de manera notable a las poblaciones indígenas
por la falta de una inmunización adquirida a causa del
desconocimiento en este tipo
de sociedades de medidas de
protección. Un
elemento que podemos destacar es que los indígenas no concebían el
proceso de cuarentena tal y como lo entendían los europeos, para
ellos
esta práctica era
culturalmente repugnante y se sentían en la obligación de visitar a
los enfermos con las
consecuencias funestas que esto provocaba.
En referencia a los remedios
indicados para atajar la enfermedad podemos citar
la recomendación del consumo de azúcar, aceite, miel, uvas y
carnes. También se recomendaron las sangrías.
La
viruela y el sarampión como señala Montesinos en su Anales
del Perú tuvieron una gran
influencia en Cuzco. Casi todos los indicios muestran a Cartagena
como el foco de la infección.
Relacionado
con la enfermedad se produjo el despojo de las tierras cultivables a
los indígenas. Los nuevos hacendados blancos aprovecharon la
circunstancia del abandono de las tierras entre los indígenas por
miedo a la enfermedad para apropiarse de estas, de esta forma los
antiguos propietarios perdían la posibilidad de cultivar alimentos
básicos con las
consecuencias negativas que esto producía en sus cuerpos débiles.
sábado, 6 de diciembre de 2014
Epidemias en la América precolombina
Las
epidemias en el Caribe en los años anteriores a la llegada española no difieren en gran medida del resto del
mundo. El Caribe, al igual que cualquier otra parte del mundo, se conocían las
enfermedades. Estas existían y la gente
del conocido como Nuevo Mundo moría a causa de
estas. Los últimos estudios afirman que
la histoplasmosis y la tuberculosis
ampliamente extendidas en el continente americano antes del
contacto europeo. Al igual se tiene constancia de que la
leishmaniosis y el mal de Chagas, la disentería o los gusanos intestinales que
provocaba en los individuos una gran debilidad
y por tanto la muerte, proliferaban en estos lugares. Por otro lado también cabe destacar la
salmonella o las bacterias como el estafilococo y el
estreptococo así como las
treponemas no venéreas, sífilis endémica
estaban extendidas a lo largo y ancho
del continente.
Las enfermedades que hasta la llegada europea no se conocían eran la viruela, el sarampión, la peste bubónica o la peste neumónica, es decir, tifus y cólera aunque esta se introducirá a partir del siglo XIX. Estas enfermedades, a excepción del cólera tenían un origen surasiático pero que se extendió por gran parte de la Europa renacentista teniendo una mayor intensidad en las grandes ciudades como es Paris, Florencia, Génova, Londres y Sevilla. Estas enfermedades a lo largo del siglo XVI sobrevivieron de forma endémica latente y estallando en epidemias incontrolables durante los periodos de crisis.
viernes, 5 de diciembre de 2014
El tabardillo
Junto
a la viruela y el sarampión el tabardillo (denominación
española del
tifus) fue una de las
enfermedades epidémicas que asolaron el Nuevo Mundo.
La introducción del virus tuvo lugar en junio de 1526 con la llegada
a Veracruz de Luis Ponce de León procedente de Sevilla. Este fue
enviado por Carlos V a estas tierras para realizar una investigación
sobre las prácticas que estaba realizando Cortés en el continente.
Poco tiempo después de llegar a estas tierras falleció Ponce de
León. El primero en hablar de tifus en relación con la muerte de
este personaje fue Francisco López de Gómara. Gran parte de la
tripulación que viajó con Ponce de León murió en un corto periodo
de tiempo.
La
segunda epidemia de tifo exantemático tuvo lugar en México central
en el año 1545, se propagó
y se mantuvo hasta 1548. En referencia a los síntomas de la
enfermedad podemos destacar: fiebre y hemorragia de ojos, boca, nariz
y ano. La mortalidad de esta enfermedad era muy elevada, por ejemplo
el dominico Fray Agustín Dávila Padilla daba una cifra de 800.000
muertos.
Casi treinta años más tarde en 1576 tuvo lugar otra epidemia, los
síntomas eran hemorragias de los orificios corporales. A una fiebre
muy alta le solía seguir la muerte al cabo de seis o siete días.
Incluso con estas enfermedades se tenía una visión de que las
tierras volverían a llenarse de bestias salvajes y montes silvestres
puesto que los nativos se estaban extinguiendo y los españoles no
eran suficientes en número.
Una
de las consecuencias de este descalabro demográfico es la caída
en el tráfico comercial, esto se debía tanto a la caída de
compradores como por la carencia de mano de obra indígena en la
producción de riqueza en la zona.
En
1595 hubo otro brote en México central, algunos como el franciscano
Gerónimo de Mendieta afirma que la enfermedad llegaba entremezclada
con sarampión y paperas, a pesar de esto la incidencia en el número
de muertos fue menor,
esto hace pensar que los indígenas se habían vuelto más
resistentes inmunológicamente a la enfermedad.
El sarampión, la viruela y el tifus no fueron las únicas
enfermedades que asolaron a los indígenas, por ejemplo tenemos
noticias de otras enfermedades que van a afectar especialmente al
mundo infantil. Podemos destacar la epidemia de garrotillo o difteria
que se produjo en Quito en 1606, la primera epidemia de rubéola en
Peru en el año 1619 etc.
La epidemias del Nuevo Mundo tras 1492
1. La
Viruela:
Esta enfermedad al llegaría al continente americano a finales de 1493 con la
segunda flota de Colón. Cabe destacar que
la población aborigen había sufrido un
considerable descenso durante los primeros compases del siglo XVI y por tanto estaba en un elevado peligro de extinción antes de la primera gran epidemias virulenta en el Nuevo Mundo que se
iniciará en el año 1518. Esta
primer gran epidemia supondrá un
cambio sin precedentes en la
historia en las islas del Caribe así como en tierra firme. Este trágico
suceso, permanecerá latente en la memoria de los supervivientes tanto indígenas como de
los europeos que presenciaron este acontecimiento.
La aportación documental de los
frailes jerónimos Luis de Figueroa y Alonso de Santo Domingo muestran la
gran devastación humana que se estaba
produciendo. Estos frailes escriben a Carlos V para
informarle de los sucesos puesto que
casi una tercera parte de los indígenas
de la isla La Española habían perdido la vida.
Estos se lamentaban de que si esta epidemia no era frenada
se perdería gran parte de la mano de obra y por tanto sería imposible la futura
extracción de oro de las minas del
Caribe. La escasez de alimentos, la
desnudez de los indígenas, el hábito de dormir en el suelo o el exceso de
trabajo y la falta de atención, serán los
elementos que ayudaron a que este elevado número de muertes de produjera.
Esta epidemia
se extenderá por todas las áreas americanas. En primer lugar podemos destacar la infección
de los aztecas. En el valle central de
México la viruela entró con una
expedición que partía de Cuba en el momento en que
la epidemia fustigaba con mayor
violencia en las Grandes Antillas. Será a principios de 1520 cuando se documenta el inicio de la
enfermedad en esta área. Su devastación será
feroz en un área donde la población estaba
muy desprotegida. Menciona
el biógrafo de Hernán
Cortés que esta enfermedad será tan importante en la ciudad de México que sería preciso
derrumbar las casas para
cubrir los cadáveres. Esta enfermedad
será nombrada por los aztecas como buatl que
significaría, “la gran lepra”. Tanto fue su
importancia en la cultura azteca que se tomó esta enfermedad para
marcar el final de la vieja era y el
inicio de la nueva era.
Por otro lado también los
mayas serán contagiados. Esta enfermedad
entrará en la península de Yucatán en una fecha similar que en el golfo
de México. La viruela en el momento que
se establece como brote endémico tiene un carácter expansivo muy
veloz ya que se transite por aerosoles además del por el contacto directo con el virus. Además cabe destacar que cuando se produce el
contagio dada su devastación que afecta a toda la
sociedad no hay nadie que se ocupe de cuidar y de alimentar a los enfermos que están en proceso de recuperación.
La
viruela también afecto a la población inca
que se encontaba en la cordillera andina. Al igual que su homólogo azteca,
el rey inca Huayna Cápac, sucubio ante la infección extranjera. Esta enfermedad seguirá extendiéndose a las zonas del sur como es el caso de
Guatemala, Nicaragua llegando a
Cartagena o al istmo de Panamá. Cabe destacar que esta última zona debido
al calor, las lluvias torrenciales, la costa pantanosa, los ríos fétidos y las
plagas de mosquitos, será un lugar altamente infeccioso convirtiéndose en un
foco endémico.
2. El
sarampión
En
la década de 1530 se inicia la epidemia de sarampión en el
Nuevo Mundo. El origen de
esta epidemia se considera
que a bordo de una flota habría
algunos jóvenes que nunca habrían padecido
esta enfermedad y por tanto no tenían la
inmunidad que de por vida presenta la población al pasar esta
enfermedad. Se documenta que el lugar de origen de la
expansión de esta epidemia sería la ciudad de Sevilla. Esta enfermedad al entrar en contacto con la débil y vulnerable población indígena americana
provocará una extraordinaria devastación. De la misma manera que la viruela, el sarampión se introducirá en el continente
americano por la las islas del Caribe.
Se expandirá por la costa oeste
de México desde Nayarit hasta Sinaloa. A través de los contactos
entre México, Guatemala,
Nicaragua y Panamá favorecerá enormemente que el
contagio llegue a zonas del sur. Esta enfermedad era tan devastadora que muchas veces se frenaba por la muerte de todas las victimas
susceptibles de ser
contagiadas. Tanto la viruela como las siguientes epidemias exportadas del Viejo Mundo asolaban
a una población indígena que nunca habían tenido estas enfermedades. Las enfermedades
son de mayor calado en la población que nunca
había sufrido esta enfermedad al contrario que pasa en los lugares donde la gente ya se había expuesto a los
efectos de tales enfermedades.
3. El
tifus
El
tifus arrasará igualmente muchas de las regiones
americanas durante la década de 1630. Cabe destacar
de una manera especial las sierras guatemaltecas y la región andina norte y central. El fraile dominico Antonio de Molina es uno
de los autores que mejor describe
los acontecimientos por ser testigo directo del desastre endémico que asolo Guatemala entre 1631-1632. Este describía que en dicha fecha había una peste
muy grande en la cual murió muchísima gente.
Según este la epidemia tendrá un origen en las principales ciudades y
que desde estos lugares se extenderá a
las provincias y a las zonas rurales. En
la capital el día 27 de abril de
1632 el consejo de la ciudad requerirá
a las autoridades religiosas que
celebren una procesión que pusiera fin
a la epidemia. Por otro
lado también hay documentación que
afirman que esta enfermedad también devasto poblaciones colombianas. Esta al igual que en el caso de
Guatemala, la epidemia comenzó en la ciudad de Santa Fe de Bogotá. Esta enfermedad
se extendió por las tierras altas en parte debido a las condiciones climatológicas
con temperaturas más bajas. Es preciso
tener en cuenta que en las zonas tropicales más húmedas la ropa es más ligera
sumado a las frecuentes
precipitaciones disminuyen los
piojos corporales y por tanto las
posibilidades de contagio. También el
tifus llegara a Ecuador a la ciudad de Quito en 1639.
4. La
fiebre amarilla
La
fiebre amarilla en un principio se asoció al comercio de esclavos en la costa de África. Se considera que existía en condición endémica en los primates de las
junglas y en las selvas africanas. La población africana era tolerante a este virus y por tanto se trataba de una enfermedad endémica en este
continente. Esta enfermedad llegará a América
de la mano de los individuos
contagiados. Se propaga a través del
mosquito hembra Aedes aegypti. Este mosquito solamente pica cuando la
temperatura está por encima de los 17º centígrados. De esta manera en los climas templados la fiebre
amarilla es un problema solo
durante los meses calidos. Los síntomas de
esta enfermedad son enfermedad respiratoria, letargo, fiebre, pulso deficitario y en ocasiones vómitos de sangre
primero de un color claro y
después más oscuros. Dichos vómitos
llegan a ser casi negros de ahí
que a veces la enfermedad se
etiqueta vomito negro.
Finalmente la victima presenta
ictericia, un síntoma que
distingue a la fiebre amarilla de otras fiebres y que además le da el nombre.
En el Nuevo Mundo la fiebre amarilla data de
septiembre de 1647. El foco
original son las islas Barbados donde existía
una gran actividad del comercio de
esclavos. Dado su
origen esta enfermedad también es conocida como el mal de las Barbados. Por otro lado la fiebre amarilla también afectó a la isla de San Martin en 1648. Igualmente aparecerá en San Juan
y la Habana llegando a
Florida a bordo de un barco que salió de La Habana. Además
la fiebre amarilla de la
década de 1640 tendrá un
carácter más peninsular puesto que
tocara la costa de México y la península
de Yucatán. En definitiva tendrá un carácter
más limitado pero no por ello será menos importante.
Enfermedades de ida y vuelta
La
información al respecto de estas enfermedades la proporcionan los
soldados que acompañaban a los conquistadores y los miembros de las
diferentes órdenes religiosas que se fueron instalando en América
con una misión evangelizadora.
Hasta hace
pocos años se daba por sentado que la primera epidemia importante
que había asolado América fue la viruela, las consecuencias de esta
enfermedad ante gente que carecía de cualquier tipo de inmunidad
biológica fueron desastrosas, se registra una caida de la población
considerable en zonas como por ejemplo la Española. Sin embargo en
la actualidad parece ser que el primer contagio fue de influenza o
gripe, este contagio pudo tener su origen en los caballos y cerdos
que se transportaron para el uso de los españoles. En cuanto a los
síntomas podemos destacar: fiebre alta, escalofríos, postración
etc. Parece ser que al finalizar el siglo XV la gripe ya estaría
presente en el sur de Andalucía y de allí pudiera trasladarse en la
segunda expedición a tierras del Nuevo Mundo.
Los primeros
casos se declararon en la Española a finales de 1493, de aquí pudo
propagarse con facilidad hacia islas vecinas como Puerto Rico o Cuba.
Por su parte
América no era un paraiso exento de enfermedades. Existen bastantes
posibilidades de que algunas enfermedades como la tuberculosis
existiera ya en América y no se importaran desde Europa. Para llegar
a esta conclusión se citan algunos ejemplos como la representación
en diversas culturas de figuras antropomórficas con tuberculosis
vertebral, los hallazgos de esqueletos precolombinos con lesiones
características del mal de Pott etc.
La
aportación más mortifera del Nuevo Mundo a Europa parece que fue la
sífilis, esta se propagó al mundo europeo entre los años
1493-1494. Se trataba de una enfermedad que se transmitía
fundamentalmente por vía sexual. Esta enfermedad sino se trataba
tenía una mortalidad del veinte por ciento. Se tenía un total
desconocimiento sobre ella, observamos varias interpretaciones sobre
el origen de la enfermedad, por ejemplo se alude a motivos religosos
como un castigo divino por los pecados cometidos por la humanidad,
otra interpretación es la astrológica que trata de explicar el
origen de la enfermedad por el daño ocasionado por Saturno y Marte.
Todo este desconocimiento y deseo de saber hizo que esta enfermedad
resultara un buen negocio para las imprentas europeas del momento.
El primer
autor que cita el origen americano de la enfermedad es Rodríguez
Díaz de la Isla en su Tractado contra el mal serpentino.
Existe una
hipótesis más reciente que defiende la teoría unitaria, esta
afirma que la sífilis ya estaba presenta en el Viejo Mundo pero en
forma de enfermedades más leves como la sífilis endémica.
Para el tratamiento de la sífilis los médicos y cirujanos del siglo
XVI recurrieron a la sangría, sin embargo, pronto se impusieron
otros remedios como el guayaco. El mercurio también era utilizado
para sanar los cuerpos de los enfermos, pero este remedio era mucho
más agresivo porque los pacientes sufrían grandes padecimientos. Ya
en el siglo XX aparecería el salvarsán y a partir de 1943 la
penicilina.
miércoles, 3 de diciembre de 2014
Culpabilización y redención
En nuestra cultura ha tenido tradición la relación
enfermedad-pecado en el intento de explicar una serie de males que no
tenían una explicación natural en esos momentos. Desde el
pensamiento cristiano se veía como la ira de Dios caía en forma de
plaga sobre una sociedad corrupta, la peste por tanto parecía un
instrumento del poder divino para interactuar con los seres humanos.
La sociedad contaba con remedios espirituales para hacer frente al
mal. Por ejemplo vamos a observar la fundación de numerosas capillas
dedicadas al culto mariano en muchos lugares de nuestra geografía
por las diversas apariciones atribuidas a la Virgen ante los
campesinos. Con este tipo de apariciones lo que se buscaba era
reforzar la moral comunitaria y la piedad colectiva.
Entre los santos podemos destacar a San Roque, puede ser considerado
una autentica creación del humanismo cristiano de principios de la
Edad Moderna.
Se consideraba mártires a aquellas personas que murieran practicando
la caridad en tiempos de peste. Este ejercicio de caridad era
entendido por los hombres de la iglesia como el más alto grado de
perfección cristiana que se podía alcanzar.
Para que toda esta ideología religiosa penetrara en los laicos eran
necesarios una serie de instrumentos, la oratoria desde el púlpito y
las teatralizaciones de las procesiones rogativas van a jugar un
papel destacado en este sentido.
La enfermedad era presentada como un terreno de lucha donde se
fortificaba el alma.
martes, 2 de diciembre de 2014
El cuerpo sufriente
No existían las enfermedades colectivas, eran enfermedades
personales, estas eran consideradas por la población como el
resultado de la propia ética personal.
El cuerpo del enfermo se convertía en un verdadero campo de batalla
entre el bien y el mal. Entre los signos de los cuerpos sufrientes:
fiebre, sudor, pus que rellenaba los bubones y excreciones de los
apestados que emitían un hedor de descomposición infecto.
La imagen de los cadáveres agolpados, semidesnudos conducidos hacia
las fosas era el escenario de un dantesco infierno colectivo, la
población miraba horrorizada todo este proceso fúnebre.
Los muertos eran recogidos por los esclavos o presos, en algunas
ocasiones se llegaron a utilizar a los locos como tenemos registrado
en el caso de Valencia.
En distintos testimonios se recoge el impacto social que tuvieron las
epidemias y se hace referencia a la fragilidad de la vida humana
haciendo especial hincapié en los niños al privárseles la fuente
de vida que representaban los pechos de sus madres muertas por la
epidemia.
Una vez la enfermedad era ya presente en la ciudad, había dos
caminos: la huida o la cuarentena. Los que contaban con mayores
recursos escogían la primera de las opciones y escapaban hasta sus
retiros en el campo. Los pueblos quedaban totalmente ausentes y en
muchas ocasiones los contagiados eran los únicos presentes en el
acontecimiento de la muerte. En muchas ocasiones esta decisión de
huir no se producía con total libertad, las clases más
desfavorecidas como los vagabundos o los extranjeros en muchas
ocasiones fueron expulsados de las ciudades, estos eran recibidos
generalmente con violencia en las poblaciones rurales a las que
acudían.
La melancolía entre los vivos era algo muy frecuente, esta en los
hombres generaba temor y tristeza que los conducía a la desconfianza
hacia sus semejantes. Tambien observamos actitudes egoistas.
La idea de la brevedad de la vida producía entre los hombres y las
mujeres procurarse placeres hasta las últimas consecuencias, así
pues podemos observar como en tiempos de epidemias había una mayor
libertad sexual, es decir, existía una verdadera relajación de
costumbres, incluso en algunas comunidades religiosas se llevaba una
vida alejada de cualquier tipo de moral y disciplina.
Todo el mundo era un ser potencialmente peligroso y por tanto temido.
Las relaciones humanas quedaban más tocadas cuando más necesarias
eran.
No solamente se daba la muerte del cuerpo, sino también la muerte
del alma puesto que en los enterramientos no se podían llevar acabo
los rituales que habitualmente se realizaban.
lunes, 1 de diciembre de 2014
El mal vivir
Cabe destacar por encima de todo, la suciedad y pudredumbre de las
ciudades españolas de la época, esto ha sido reflejado por
numerosos testimonios de viajeros europeos.
La inexistencia de pozos negros y de letrinas en las viviendas más
humildes había generado la costumbre de tirar las aguas sucias y
demás inmundicias a la vía pública. Esta actividad se debía
realizar por la noche sin previo aviso o durante el día con la
obligación de anunciar esta intención en tres ocasiones.
Ejemplos de ciudades que tienen mayores defectos en este sentido eran
Madrid o Valladolid, son muchas las crónicas que nos hablan del mal
estado del empedrado o el barrizal en las calles de Valladolid. Por
el contrario un ejemplo de ciudad con mejores condiciones higiénicas
es Barcelona como resalta el alemán Jerónimo Müntzer, este destaca
de la ciudad las cañerías y canales subterraneos por los que van a
verterse al mar los residuos de las cocinas y las inmundicias.
Pero el único problema de las ciudades de la época no era el tema
de los desechos, tambíen podemos destacar el contratiempo que
suponía el desabastecimiento de agua potable como por ejemplo en la
ciudad de Sevilla. El agua de buena calidad que llegaba a lugares
públicos (fuentes) y privados (casas señoriales, centros
eclesiásticos y civiles del poder municipal y real) solo podían
disfrutarla aquellas personas que por su riqueza o influencia habían
obtenido la concesión de "grifos" (derecho de conectarse),
de este modo el resto de población tenía que abastecerse a través
de las fuentes públicas y estas estaban sujetas a las oscilaciones
del caudal o de las frecuentes roturas y mal estado de las cañerías.
Para solucionar los problemas de las aguas fue frecuente que se
institucionalizase un oficio público encargado de velar por el
cuidado de estas llamado "Maestro de fuentes".
Otro foco potencial de peligro en las ciudades eran aquellas plazas y
calles que servían habitualmente como recintos para la venta de
determinados productos alimenticios. Por ejemplo los mercados eran un
punto verdaderamente maloliente y que dejaba un verdadero rastro de
basuras en forma de desechos de frutas y verduras y visceras de los
animales sacrificados.
La soledad de los muertos
Uno de los riesgos que más va a inquietar a la población es la del
entierro de los cadáveres. En los grandes nucleos urbanos lo usual
era enterrar a los muertos intramuros, generalmente en los recintos
sagrados de las parroquias, hospitales y conventos. Las sepulturas
las podíamos encontrar en las criptas o bóvedas subterraneas, en
los nichos de los muros y en el piso de las naves. Existía un
criterio de jerarquía que reproducía el orden social estamental de
los vivos, así pues los más privilegiados se situaban debajo del
altar y en la nave principal o en ostentosos panteones particulares
situados en las pequeñas capillas laterales. A medida que se
aumentaba la distancia con respecto al altar mayor la categoría
social de los sepultados iba decreciendo. En cuanto a las ventajas
aludidas a estas prácticas podemos citar las que afirmaban que así
los muertos podían participar de todas las oraciones y sufragios,
además los cuerpos que se encontraban dentro de las iglesias estaban
resguardados de la rabia del demonio. En el exterior, los claustros,
patios y plazuelas de las iglesías servían de campo santo para la
gente sencilla.
En momentos de gran mortalidad por pestilencia lo que se hacía era
abrir en los lugares extramuros grandes fosas comunes y anónimas con
el objetivo de que los cadaveres no se amontonaran en las viviendas
con las consecuencias negativas que esto podía provocar. Los
cadaveres se enterraban con cal.
Por lo que respecta a Francia, la práctica de inhumar en iglesias
comenzó a ser criticada a finales del siglo XVII considerándola una
vanidad mundana. Pronto se van a añadir otros motivos como la
saturación de tumbas y los problemas higiénicos. Este proceso en
España se produjo de forma más tardía.
Urgía por tanto sacar los cementerios de las ciudades y disciplinar
la práctica inhumatoria. Con respecto a esto último los médicos
españoles solicitaron que se ordenara el espacio de la inhumación.
Van a surgir por tanto una serie de dictados a seguir por parte de
los enterradores para que las condiciones de las inhumaciones fueran
lo más higiénicas posibles. Con las órdenes reales de Carlos II,
de 3 de Abril de 1787 se daban las disposiciones sobre el
enterramiento en cementerios construidos fuera de las poblaciones.
Durante los primeros años resultó poco frecuente el cumplimiento de
las órdenes reales por los distintos intereses respecto al
enterramiento de los cadaveres.
Finalmente se generalizó la construcción de este nuevo tipo de
cementerios con la llegada de los nuevos contagios por fiebre
amarilla a partir de 1800 y por el debilitamiento económico y
político de la Iglesia provocado por las desamortizaciones.
domingo, 30 de noviembre de 2014
Justicia frente a las epidemias
En tiempos de la peste la violencia afloraba entre la comunidad.
Había distintos tipos de violencia: violencia contra las
prostitutas, violencia legal de las medidas sanitarias, violencia
para mantener el orden ejemplificada con el levantamiento de las
horcas etc.
Entre los castigos infligidos por quebrantar las leyes podemos
destacar: azotes, destierros, multas, galeras e incluso en las
infracciones más severas la pena capital.
Las infracciones que se van a producir en estos momentos van desde
burlar los periodos de cuarentenas a falsificar cédulas sanitarias.
Relacionado con esto vamos a observar una gran cantidad de sobornos a
sanitarios para que hagan la vista gorda en determinados aspectos.
Los delitos más corrientes eran los producidos contra la propiedad,
en su mayoría soldadesca entremezclada con gente de mala reputación,
estos no dudaban en saquear viviendas de personas ausentadas o
muertas. Estas acciones desde la perspectiva sanitaria eran un grave
contratiempo puesto que suponía que los objetos que habían estado
en contacto con los enfermos circularan por la ciudad sin ningún
tipo de control.
Los enterradores tenían muy mala reputación y eran acusados de
arrojar a fosas enfermos que todavía seguían vivos o robar a los
muertos.
La mayor parte de la población ocultaba a sus enfermos para evitar
la ruina, puesto que la enfermedad suponía una serie de gastos a los
que pocos podían hacer frente.
En el imaginario colectivo se tenía la impresión de que la peste
podía fabricarse artificalmente, existe una creencia de la brujería.
Podriamos decir que existía una verdadera obsesión por el complot,
existía una verdadera creencia en los llamados "envenenadores".
Con la peste de Barcelona de 1589 llegó un personaje de origen
francés llamado Bernat Rigaldía. Al comienzo este era visto con
buenos ojos y cada vez estaba más solicitado para los trabajos de
desinfección de enfermos, sin embargo con el paso del tiempo sería
acusado de sanar exclusivamente a quienes podían permitirse sus
servicios y se fue convirtiendo en un personaje cada vez más molesto
incluso para las propias autoridades de la ciudad. Algunas voces al
final de todo este proceso le señalaban como un brujo por toda esa
atmosfera de misterio que le perseguía. Finalmente este fue acusado
de responsable de la existencia de la peste en la ciudad y capturado
junto a sus colaboradores, tiempo después fue asesinado y su cuerpo
mostrado ante distintos edificios de la ciudad como gesto simbólico
de reparación por todo el daño causado durante su estancia.
sábado, 29 de noviembre de 2014
La economía en tiempos de epidemias
Las distintas epidemias que se van a producir desde el Renacimiento
en adelante van a plantear importantes dosis de inversión social por
parte de los gobiernos municipales de las distintas ciudades para
restar los efectos negativos de estos contagios.
Además de las pérdidas humanas y todo lo que esto conllevaba se va
a producir un verdadero descalabro económico en las ciudades, se van
a ver afectados de manera notable tanto la producción como la
distribución de bienes. La paralización económica de las ciudades
suponía una verdadera merma para estas en cuanto a los ingresos
fiscales, y esto tenía consecuencias muy negativas puesto que era
precisamente entonces cuando más eran necesarios por los importantes
gastos en administración que se tenían que llevar a cabo en esos
momentos. Todo esto producía el endeudamiento de las haciendas
municipales que no llegaban a ser saldadas hasta varias generaciones
después.
Por ejemplo las cuarentenas tenían efectos funestos en la economía
de las ciudades, esta medida hacía que el precio de los productos se
incrementara de forma notable.
La peste trajo consigo consecuencias económicas negativas para el
trabajo urbano, la disminución del trabajo cotidiano por la
suspensión del comercio o la huida de los ricos supuso un verdadero
revés para los pobres de las ciudades. Muchos de estos habitantes
saltaron la linea de la modestia a la indigencia y tuvieron que
recurrir a hospitales, casas de acogidas de pobres etc.
Todo esto también produjo un cambio en la visión de la pobreza en
las ciudades, si antes la indigencia servía a los ricos para la
salvación mediante la limosna ahora se recalcaba el peligro de las
aglomeraciones de indigentes en las ciudades. Relacionado con todo
esto vamos a observar ya en el siglo XV medidas jurídicas para
prohibir el libre ejercicio de la mendicidad.
El mantenimiento de los pobres era tarea de los concejos, por ejemplo
con medidas como establecer un límite en el precio de la venta de
pan.
viernes, 28 de noviembre de 2014
Medidas ante la enfermedad
El nombre del tema "El oro, el fuego y la horca" procede
del protomédico Giovanni Filippo Ingrassia al referirse a las
medidas que toma el poder civil para la erradicación de la peste.
El fuego servía para la desinfección y combustión de sustancias
infectas a través de la fumigación de sustancias aromáticas.
Para hacer frente a la enfermedad se
van a llevar a cabo una serie de medidas administrativas, reactivas y
defensivas. Este abanico de actuaciones se va a desplegar en dos
fases: la primera es la acción preventiva para evitar así la
posible recepción del mal, esto está relacionado con la mentalidad
sobre la enfermedad,
se consideraba esta como una realidad potencialmente resultante de
las malas condiciones higiénicas, vemos así el desarrollo de una
legislación en lo referente a la limpieza de las calles, una mayor
vigilancia de oficios como matarifes o curtidores que podían
incrementar en mayor medida la suciedad urbana etc. La segunda fase
era evitar que la enfermedad llegara desde lugares previamente
contagiados. Muchas ciudades
van a enviar observadores a otros
pueblos para cerciorarse de
la realidad sanitaria sobre el terreno, esto en ocasiones se llevaba
a cabo de forma secreta. En relación a esto podemos observar la
proliferación de prácticas fraudulentas como los intentos de
sobornos de los pueblos a estos sanitarios para que redactaran un
informe favorable por miedo a que se levantaran cordones sanitarios
sobre ellos, lo que produciria un aislamiento de estas poblaciones
con las consecuencias
funestas surgirían. Todo
este clima de alerta produjo que en las entradas de las ciudades se
colocaran
sanitarios para controlar el acceso de las personas. Las más
expuestas en ese sentido eran las ciudades marítimas por el tráfico
comercial que se va a desarrollar en ellas, si se tenían dudas sobre
la procedencia del barco y las características de su carga se le
podía denegar el acceso al puerto.
Si a pesar de todo lo dicho
anteriormente la enfermedad penetraba en la ciudad las autoridades
llevaban a cabo labores de asistencia, limpieza y aislamiento de los
enfermos.
En referencia a los sanitarios de la ciudad, algunos de ellos huían
por temor al contagio, esto obligaba a las autoridades de la ciudad a
contratar médicos del exterior con la promesa de un salario
importante y oficios futuros en la ciudad, estos sufrían un alto
riesgo de contagio puesto que estaban obligados a visitar a los
enfermos en sus viviendas particulares o en los hospitales.
Una vez se producía el contagio de una persona se procedía a su
aislamiento en la vivienda con el sellado de esta, en la puerta se
solía colocar un distintivo de color rojo en forma de cruz para
advertir a los vecinos.
Al iniciarse los contagios se llevaban a cabo matanzas generalizadas
de perros y gatos porque se les consideraba responsables de la
enfermedad.
En cuanto a los objetos expuestos a la epidemia se procedía de dos
formas: desinfección o desintegración del objeto mediante el uso
del fuego. El uso del fuego se llevaba a cabo mayoritariamente en los
objetos de escasa cuantía y antiguos, esta medida suponía un
problema grave para las clases populares puesto que en muchas
ocasiones estos objetos eran lo único que tenían y podían legar a
sus hijos una vez muertos.
martes, 25 de noviembre de 2014
Bibliografía
- BETRÁN MOYA, Jose Luis. Historia de las epidemias en España y sus colonias 1348-1919. Madrid: Esfera de los libros. 2006.
- CARMONA GARCIA, Juan Ignacio. Enfermedades y Sociedad en los primeros tiempos modernos. Sevilla: Universidad de Sevilla. 2005
- DAVID COOK, Noble. La conquista biológica 1492-1650. Madrid. Siglo XXI de España Editores, S.A. 2005.
- WATTS, Sheldon. Epidemias y poder. Historia, efermedad, imperialismo. Barcelona: Editorial Andrés Bello 2000.
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